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	<title>Arxius de Interculturalidad - Àmbit d&#039;Investigació i Difusió Maria Corral</title>
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	<title>Arxius de Interculturalidad - Àmbit d&#039;Investigació i Difusió Maria Corral</title>
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		<title>Grietas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Bustamante Enríquez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Oct 2025 06:00:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Caseidad y convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[Interculturalidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Javier Bustamante EnríquezPoetaFoto: Javier BustamanteFecha de publicación: 20 de octubre de 2025 En catalán se conoce como terrissa de volta (cerámica de bóveda), aunque en otras latitudes se le llama ‘loza quebrada’. Desde que se comenzaron a construir bóvedas, pero sobre todo a partir del siglo XV, se hizo necesario rellenar aquellos espacios vacíos que se generaban entre la curvatura de dichas bóvedas y el plano liso que correspondía al nivel superior. La solución que se planteaba era la utilización de material ligero, como la ceniza o piezas de cerámica rotas, que ya no servían para su función original. A partir de obras de restauración y reforma en edificaciones antiguas, se han encontrado al interior de las bóvedas restos de cerámica o piezas enteras con ‘defectos’. Estas piezas resultan de procesos fallidos en la cocción del barro, los cuales ocasionan grietas o fracturas, haciéndolas no practicables para el uso al cual serían destinadas. Son piezas generalmente completas que presentan gran resistencia al estar totalmente cocidas. Suelen encontrarse cántaros, jarras, botijos, cuencos, morteros, orinales… formas que ocupan el máximo espacio con el menor peso posible. Son piezas funcionales, generalmente de factura popular, hechas en serie, sin mayor cuidado estético y acabados sencillos. Los constructores solían encargar a los alfareros partidas de estas piezas defectuosas. Aunque la cerámica perdía su valor de mercado, los productores la conservaban cuidadosamente porque adquirían un valor de ‘relleno’. Tanto a los alfareros, como a los constructores interesaba que no sufrieran daños, ya que su estructura era importante para el nuevo uso de soporte que adquirirían dentro de las bóvedas. Una reflexión antropológica nos hace cuestionarnos sobre cómo también hay personas que sufren fracturas en su vida por fallos del sistema. Estas personas pierden su ‘valor de mercado’ dentro de la lógica capitalista. Son condenadas a ser piezas de relleno, escondidas a la vista de la estética social, cumpliendo una función de soporte para que no se nos caiga el techo ni se nos hunda el suelo. Traslado esta lectura al hecho migratorio. En este siglo XXI miles de personas se desplazan anualmente desde sus lugares de origen buscando oportunidades laborales. Salen de países que fueron colonizados y cuyos recursos naturales fueron y siguen siendo explotados por intereses extranjeros sin que ellos vean los beneficios. Gravando también sobre aquellos territorios daños ecológicos irreparables. Estas ‘fracturas’, estos ‘fallos de origen’ expulsan a las personas de sus tierras, orillándolas a viajes que sirven de colador para que solo lleguen los más fuertes o los que corran con suerte. Convertidos en migrantes, llegan a los mal llamados países desarrollados para convertirse en esas piezas de cerámica que sirven para soportar las cargas pesadas de nuestras sociedades de consumo. Y aquí viven escondiéndose como jarros rotos por no tener papeles, pero llevando a cabo trabajos duros y mal pagados. Cuando estas personas migradas consiguen un mínimo de ingresos, lo destinan a sus familias, aún a expensas de vivir en situaciones infrahumanas entre nosotros. Para ellas es más importante cumplir con este deber moral de ser proveedores, aunque descuiden su propia integridad. Además de realidades como la migración, nuestras sociedades presentan muchas otras grietas. Es importante despertar una sensibilidad que se atreva a mirar a través de estas fracturas, que también son las nuestras. No hay sociedad perfecta, porque todo lo humano es falible. Y, porque es humano, es digno de ser mirado a los ojos y ser llamado por su nombre. Ninguna persona estamos aquí de relleno, aunque estemos pasando por algún proceso vital que comporte fracturas.]]></description>
		
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		<title>Diferentes, pero no tanto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pere Reixach]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Dec 2024 05:30:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Caseidad y convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[Interculturalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Realismo existencial]]></category>
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					<description><![CDATA[Los lectores del Diari de Girona debemos agradecer a la autora Pilar Ruiz Costa su clarividente artículo «Ells» (28/9/24) porque ayuda a deshacer prejuicios...]]></description>
		
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		<title>El cuerpo, un microcosmos de la sociedad. La piel, un envoltorio humano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àmbit Maria Corral]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Apr 2024 06:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ámbito Maria Corral]]></category>
		<category><![CDATA[Caseidad y convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cenas Hora Europea]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación y cultura digital]]></category>
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					<description><![CDATA[El jueves 21 de març de 2024 se celebró la 249 Cena Hora Europea, para tratar sobre...]]></description>
		
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		<title>Body Art e historias de vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Apr 2024 06:15:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Caseidad y convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación y cultura digital]]></category>
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					<description><![CDATA[Decía Paul Valery que «la piel es lo más profundo que existe». Personalmente me gusta esa aparente paradoja. De hecho, la piel es el mayor órgano del cuerpo y los humanos podemos decorarlo...]]></description>
		
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		<title>Mendoza, ciudad de belleza transformadora y de Festivales de Flauta del Mundo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àmbit Maria Corral]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Oct 2018 08:59:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Existen en el mundo incontables iniciativas que promueven la convivencia y la conciencia de una mejor forma de vida, el cuidado del planeta...]]></description>
		
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		<title>Construir un nuevo nosotros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àmbit Maria Corral]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Mar 2018 09:07:16 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Aunque movimientos migratorios ha habido en toda la historia de la humanidad y mezcla entre culturas...]]></description>
		
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		<title>Corresponsabilidad ante los desplazados</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àmbit Maria Corral]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Nov 2015 09:38:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Interculturalidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Leticia Soberón Psicóloga i doctora en ciencias sociales Barcelona, noviembre 2015 Foto: Creative Commons Confieso que estas líneas, más que ofrecer respuestas, plantean los interrogantes que no dejan de asaltarme cada día y sobre todo cada noche. Un río interminable de fugitivos sirios e iraquíes avanza sin control, llenando Turquía y Jordania, que están al límite de sus fuerzas. Grecia y Hungría cierran sus fronteras, al igual que los países colindantes. Otros intentan llegar por mar, en barcas de fortuna, con los resultados que bien conocemos. La mayoría de los desplazados sueña con llegar a Alemania, aunque se quedan donde les admitan. Pero el número de los que huyen es superior a cualquier capacidad organizativa de acogida. Siria tenía hace poco veintidós millones de habitantes; pero con casi todas sus principales ciudades devastadas por la guerra civil, la población está diezmada, y los que no han muerto están por los caminos, cayendo en manos de mafias o del Estado Islámico. Están desarraigados, pobres y dominados por el miedo. Es posible que todo esto sea consecuencia, en parte, de las inadecuadas estrategias políticas de los países desarrollados hacia el Oriente Medio. Y un malestar general se extiende entre la población europea. Se tiene la sensación de que hay que hacer algo, y pronto. Pero… ¿qué y quién habría de hacerlo? ¿Cómo resituar a las personas que llaman a nuestra puerta, si son cientos de miles y no tienen territorio, ni comida, ni nada de nada? Aún así, da la sensación de que, «unos por otros y la casa sin barrer». Los gobiernos no se ponen de acuerdo; la guerra continúa, las facciones contrarias arrasan las ciudades, expulsando a los pocos que quedan. Y vagan por los caminos sin destino fijo cuando ya ha caído el invierno. Nosotros, la llamada «población civil» de una sociedad tan próspera, ilustrada y organizada como la europea, imán para los pueblos marcados por la violencia y la pobreza, somos también corresponsables de lo que nuestros gobiernos deciden. ¡Los gobiernos sin nosotros no son nada! No pueden asumir en solitario la carga de la acogida. Pero tampoco podemos admitir tranquilamente que se construyan muros para que los fugitivos no entren, pues les condenamos a morir de hambre y de frío a nuestras puertas. ¿Vamos a seguir pasivos mirando hacia otro lado? Es urgente colaborar decididamente con las entidades que ya van trabajando con las poblaciones desplazadas y en sus propios lugares de origen o a lo largo de su camino. Son muchas y ponen el foco en distintas prioridades: ACNUR, Cáritas, Oxfam, Save the Children, Cruz Roja, Ayuda a la Iglesia Necesitada, UNICEF, Médicos sin Fronteras, Programa Mundial de Alimentos… Y al mismo tiempo seamos más exigentes con nuestros gobiernos para que busquen la paz. No nos quedemos inertes ante esta situación. ¿Para qué nos sirven, si no, nuestras enormes capacidades tecnológicas, intelectuales? ¿Para qué las redes sociales, la conectividad, si no podemos resolver juntos un problema que es de todos? Pase lo que pase con las gestiones rusas para llegar a un acuerdo de paz, es indispensable nuestra contribución a la sostenibilidad de esa paz y la acogida de personas. Somos también protagonistas corresponsables de una historia que todavía podemos resolver para que nuestros vecinos puedan vivir.]]></description>
		
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		<title>Saber saber</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àmbit Maria Corral]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2015 06:42:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Interculturalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Realismo existencial]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Javier Bustamante Enriquez Poeta Barcelona, marzo 2015 Foto: Creative Commons En el año 1128 Hugo de San Víctor escribió la obra Didascalicon, título que proviene de la palabra griega didascalia y que podría traducirse como «asuntos relacionados con la instrucción». En este texto del siglo XII se otorga una especial importancia a la lectura. Destaco tres lecciones que Hugo da al lector en relación a la humildad y al hecho de aprender: la primera, que no se debe despreciar ningún conocimiento o escrito, cualquiera que este sea. La segunda, que no se avergonzará de aprender de ningún hombre. La tercera, que cuando él mismo haya alcanzado el conocimiento, no mirará a nadie por encima del hombro. ¡Qué contemporáneas nos resultan estas sugerencias o lecciones, que son válidas no sólo para la lectura o para el quehacer académico, sino para la vida misma! «No despreciar ningún conocimiento o escrito», nos sugiere primeramente nuestro maestro medieval. Esto puede trasladarse a valorar todo lo existente. Todo es susceptible de enseñarnos, de aportarnos, de enriquecer nuestro acervo. Escuché en una entrevista a una madre de familia que decía que quienes más la han enseñado son sus hijos. Ellos le han mostrado el valor del límite. Todo el tiempo la han estimulado a aprender más, tanto de sí misma, como de todo aquello necesario para ayudarlos a crecer. De la situación más insignificante que nos pase en el día de hoy, podemos aprender. Y no digamos ya de los grandes acontecimientos de la vida, esos que nos dejan hondas huellas, como la enfermedad, la muerte, el conocer a personas que nos acompañan por el resto de nuestras vidas, el descubrimiento de la propia vocación, los errores&#8230; «No avergonzarnos de aprender de ningún hombre» o mujer, continúa instruyéndonos Hugo de San Víctor. Recordemos que estas lecciones estaban destinadas a personas que se adentraban en el mundo de las letras, cosa que en la edad media no podía hacer toda la población. Esta recomendación rompe con la distancia que impone la academia, otorgando o reconociendo el saber a cualquier persona y por lo tanto, desjerarquizando. El hecho de que otra persona no sea versada en lo mismo que yo pretendo conocer, no quiere decir que no pueda yo aprender algo o mucho de ella. El tema de la vergüenza surge aquí justo cuando estamos abordando valores como la humildad o el conocimiento. Y no es gratuito. Una de las definiciones de humildad nos la da Teresa de Ávila: «andar en verdad». ´Humildad`, como ´humanidad`, parten de la palabra humus: «tierra». Aquello de andar, que nos sugiere Teresa, nos remite a la tierra, a estar plantados en un mismo nivel de realidad. Quien anda en verdad, no tiene porqué avergonzarse de sí mismo ni del otro. Todos podemos aprender de todos, todos podemos, asimismo, enseñar. Nos situamos, pues, en el plano del compartir, del poner en común, en este caso, el conocimiento. La última sugerencia de Hugo de San Víctor viene a concluir este recorrido: «cuando hayamos alcanzado el conocimiento, no hemos de mirar a nadie por encima del hombro»”. ¡Qué humano es el envanecerse de lo que uno tiene y los demás no! Es el principio del uso y abuso del poder. Cuando transformo una situación de «diferencia» en condición de «desigualdad» y me sitúo en el punto de ventaja, entonces puedo ser capaz de cometer actos de inhumanidad. Mirar por encima del hombro es querer elevar mi estatura artificialmente. De esta manera, desprecio al otro y dejo de querer compartir el mismo suelo con él. También instrumentalizo el conocimiento mismo y todo el proceso de enseñanza-aprendizaje que he recorrido, ya que lo convierto en una herramienta de prestigio y no en un bien común. Qué nos deja Hugo de San Víctor en estos breves consejos: apreciar todo, porque todo nos hace presente que estamos vivos y en relación con otros seres. Compartir no empobrece ni tendría que ser motivo de vergüenza, todo el tiempo estamos dando y recibiendo, consciente e inconscientemente. Aunque aparentemente poseamos alguna cosa más que los demás, esto no nos hace superiores ni inferiores, en todo caso, nos hace responsables de aquello que tenemos y ojalá, dispuestos a transformar en servicio, esa capacidad o potencialidad. Es importante saber, pero quizás es más importante «saber saber». Esta sabiduría es más cordial que intelectual.]]></description>
		
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		<title>Cinco claves para entender el fanatismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àmbit Maria Corral]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Jan 2015 11:48:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Interculturalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Realismo existencial]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Leticia Soberón Mainero Psicóloga y Doctora en Ciencias Sociales Madrid, enero 2015 Foto: filoelartedesaber Tras una semana sacudidos por la violencia fanática y la masiva respuesta de defensa a la libertad de expresión, muchos están repensando con calma qué ha pasado y cómo afrontar el futuro multicultural de nuestra sociedad. La desconfianza generalizada y el prejuicio son la salida más fácil, capitalizadas por los partidos políticos xenófobos que están haciendo su agosto con estas situaciones. Pero sabemos que ese camino xenófobo y atemorizado nos conduce al pasado, no al futuro. Por eso es necesario entender mejor a tantos jóvenes nacidos en Europa, hijos de inmigrantes, cuando pasan de la creencia religiosa al fundamentalismo y de ahí al fanatismo y la violencia. En esta situación hay al menos los siguientes elementos: Una identidad personal débil. A veces la historia individual hace que un sujeto tenga una identidad personal poco definida, ambigua, débil. Una manera de fortalecerse a sí misma es asimilarse a una identidad colectiva fuerte: política, ideológica, deportiva, religiosa, de género&#8230; La persona «desaparece» entregándose a las consignas de un líder o un grupo que le indica por dónde ir, le da seguridad y sentido. Pero ha renunciado –o nunca llegó– a conducir su vida por sí mismo. Una identidad colectiva cerrada. Todos tenemos una o varias identidades colectivas: apellido familiar, lugar de origen, lengua, territorio… Nos aportan sentimiento de pertenencia, relaciones cercanas. Pero hay distintas maneras de vivirlas: en diálogo y relación con otras, o cerrarnos y excluir a los distintos. Ejemplos extremos de identidades colectivas cerradas son las sectas, las pandillas de delincuentes o las mafias. Se tiene sólo contacto con los «nuestros» y el mundo exterior no interesa. Unos líderes que construyen enemigos. Cualquier grupo humano puede pugnar con otros para tener más adeptos, o competir por llegar al poder, y trata a los otros grupos como adversarios a vencer o convencer. Pero hay líderes políticos, religiosos o ideológicos que, para multiplicar y cohesionar a sus seguidores, convierten a los adversarios en enemigos: amenazas peligrosas que generan miedo y rabia en los seguidores. El enemigo ya no es considerado humano, sino animal o cosa. Y de ahí a su eliminación hay un paso. Construir enemigos es un proceso tan fácil como peligroso. Unas creencias enfermas. Todas las personas tenemos creencias, ideas generales sobre la vida que no podemos demostrar pero nos ayudan a entender el mundo y a nosotros mismos. A veces las creencias se simplifican al grado de convertir el mundo en un tablero en blanco y negro: los buenos (nosotros) y los malos (ellos, los que no somos nosotros). El creyente entonces se convence de que el mundo será mejor sin los malos. Ése es el fanatismo, la creencia enferma por simplificación, irracionalidad y emotividad desbordada. Un mesianismo violento. La persona fanática que ha llegado a este punto, se considera investida por una misión purificadora, patriótica o heroica, y emprende acciones violentas –manipuladas por los líderes, siempre a salvo– que le hacen arriesgarse o inmolarse con tal de hacer desaparecer al enemigo. Esta es la lógica del terrorismo y de la triste violencia de masas. La educación multicultural no basta: hay que fortalecer en las personas su identidad personal, su aceptación de sí mismas y de los demás, su pensamiento crítico, su capacidad de deliberación y diálogo. Lo contrario lleva al infantilismo y el fanatismo. Para saber más: http://www.dontknowschool.com/web/11-claves-para-revisar-mis-creencias/inicio http://www.dontknowschool.com/web//al-dia-con-las-creencias]]></description>
		
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		<title>Racismo cultural: una amenaza que resurge en Europa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Àmbit Maria Corral]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jan 2014 10:50:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Interculturalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Caterine Galaz Valderrama Doctora en Ciencias de la Educación Barcelona, febrero 2013 Foto:  Creative Commons Ya sea por los efectos de la crisis que se pasea por Europa o por la primacía del individualismo y la autoprotección personal y nacionalista que se anunciaba con la masificación de uno de los modelos socioeconómicos menos colectivistas de la historia; últimamente estamos volviendo a observar acciones directas de rechazo y discriminación contra personas consideradas “diferentes”. Hace unos días en Barcelona un grupo de jóvenes que ostentaban símbolos neonazis, golpeó brutalmente a una niña de 14 años de origen indio que tuvo que ser llevada a un hospital; mientras, en Valencia se generaba una polémica por un cartel en el barrio de Russaffa que señalaba abiertamente: “No se alquila a paquistaníes”. Días antes la plantilla del club de fútbol “Milán” abandonó un partido en Italia debido a que la hinchada del equipo contrario no dejaba de gritar insultos racistas contra uno de sus jugadores. En Grecia un diputado del partido Amanecer Dorado exigió al Parlamento publicar las cifras de los niños de las guarderías según sus países de origen con el propósito de “limpiar las guarderías y hospitales de clandestinos”. En Hungría a fines de 2012 se realizó una manifestación pública contra la convivencia con personas de etnia gitana. En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 dos deportistas fueron expulsados por hacer bromas y comentarios racistas en las redes sociales. Día a día, se vulneran derechos fundamentales en los centros de internamiento para personas extranjeras y las denuncias se pierden, muchas veces, en largos procesos legales. En Europa cada vez es más patente el apoyo que reciben los partidos políticos de extrema derecha que no se avergüenzan de rechazar y criticar a personas residentes de origen extranjero, mientras que algunos países como Alemania, Italia, Holanda y Francia endurecen sus políticas migratorias. La crisis, una excusa Muchas personas piensan que estos hechos son consecuencia directa de la crisis que atraviesa el viejo continente y que responden a una desesperada necesidad de buscar “culpables” de la angustiosa situación personal y colectiva. Un “chivo expiatorio” transitorio para descargar las propias ansiedades. Sin embargo, esta idea esconde una trampa: la creencia que si no hubiese crisis este racismo no existiría. Muy por el contrario, el racismo cultural emerge y no tiene pudor de evidenciarse públicamente, porque obedece a uno latente, oculto, implícito no sólo en las personas que lo expresan sino también en la “gente de a pie”, así como en diversas instituciones sociales, políticas, comunicacionales, educativas, judiciales, históricas y en la misma valoración que hacemos de nuestros lugares de referencia. En otras palabras, el racismo explícito -del cual a veces nos enteramos por la prensa- no tiene miedo a manifestarse porque hay un racismo implícito que persiste en la aprehensión que sentimos hacia el “otro” o la “otra” que consideramos “diferente”. De allí, la importancia de los llamados realizados por algunas plataformas antifascistas y antixenófobas, y los llamados de diversas ONG defensoras de los derechos humanos, que intentan encontrar eco, paralelamente, en toda Europa. Actuar contra el racismo (latente y explícito) requiere acciones a todo nivel. Desde dejar la pasividad del sistema legal que mientras plantea mano dura en los flujos migratorios de entrada, poco dice de la convivencia interna y de la proliferación y actuación pública de grupos racistas. Las expresiones de violencia directa o indirecta contra personas de origen extranjero cuestionan los fundamentos de la democracia y de los derechos humanos, por tanto, una comunidad que desea actuar contra el racismo, requiere no ser permisiva ni dar protección ni apoyo a entidades sociales y políticas que hagan llamados directos o indirectos contra personas de otras procedencias. Las leyes antixenófobas y antirracistas deben tener una vinculación legal directa y mediática y una efectividad pública para que la sociedad interiorice una ética de acogida y de convivencia pluricultural real. ¿Hacer la vista gorda… o intervenir? Por otro lado, la intervención social contra el racismo y la xenofobia tiene especial importancia en el actual contexto europeo. Si bien el interés mediático ha estado centrado en los hechos más directos de violencia racista, el interés político e institucional debe poner el acento no sólo en la defensa de las personas agredidas, sino también en acciones que desmonten el racismo menos evidente. Se requieren, sin duda, dispositivos de educación y sensibilización constantes en todos los niveles sociales. Hasta ahora las pocas acciones que se han ido desarrollando no parecen tener los efectos esperados. Generalmente la intervención está centrada en la sensibilización contra el racismo y la promoción de los hechos culturales de los diversos grupos. Estas actuaciones muchas veces son aisladas en espacios informales –charlas y actos públicos- o en el marco de la educación formal –hacia los jóvenes en las escuelas- o incluso con población ya sensibilizada –aquella que asiste voluntariamente a actividades antiracistas. Sin embargo, la sensibilización no puede hacerse “sólo” en torno a argumentos racionales sino que también tendría que apelar a la dimensión emocional de las personas, que es donde se fermentan las actitudes racistas. Y, por otro lado, aquellos argumentos racionales no pueden afectar la conciencia de quienes manifiestan actitudes racistas, si no se sienten llamados a este tipo de actividades. Dar a conocer aspectos culturales de los grupos minoritarios no es suficiente para generar la aceptación, la tolerancia y el respeto: se debe trabajar hacia el endogrupo mismo, cuestionar incluso la centralidad que se le da a los propios signos identitarios. Hay que apelar a los aspectos no conscientes y a aquellos que no queremos cuestionar: nuestras propias bases de pensamiento y cultura, desde las cuales juzgamos a los otros grupos y personas. En definitiva, cuestionar nuestro etnocentrismo. Para que el racismo latente que modula las conductas racistas no quede intacto, se requiere re-configurar nuestras propias creencias. Sin duda, no se puede dejar todo en manos de algo tan poco manejable como la superación de la crisis económica: el racismo se extiende cotidianamente en pequeños gestos –prejuicios, estereotipos, rumores– y en grandes [...]]]></description>
		
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