Suez y el barco Evergreen como metáfora

Por: Sofía Gallego
Psicóloga y pedagoga
Barcelona, junio 2021
Foto: Pixabay

 

Días atrás los medios de comunicación nos informaban ampliamente de la situación en que se encontró un barco de dimensiones considerables en el canal de Suez con toneladas de carga de los puertos asiáticos destinada a los puertos europeos. Sin entrar en el análisis de las causas, la situación era que el barco obstruía el paso a los otros. El gran tamaño del Evergreen, este era su nombre, dificultaba y mucho poder dejar libre el paso. La carga que llevaba podía ser esencial para las factorías europeas que veían peligrar su aprovisionamiento con las consecuencias negativas en los procesos de producción que en el peor de los casos deberían ralentizar o detener la producción. También hay que tener presente que las cargas de los barcos parados también podían resultar vitales para el aprovisionamiento de industrias y comercios europeos. No poder pasar por el canal significaba alargar el viaje algunas semanas. Este no es el lugar y yo no soy la persona más indicada para hacer un análisis geopolítico, pero sí que quisiera sacar algunas reflexiones sobre esta circunstancia y relacionarlas con situaciones personales.

En el transcurso de la vida de las personas devienen circunstancias adversas que provocan una especie de obturación al flujo de la existencia, incapacitando al sujeto para poder avanzar en su desarrollo y también generando incomodidad personal. En cualquier esfuerzo que la persona se proponga hacer siempre hay este tipo de obstáculo que de manera callada, y a menudo inconsciente, imposibilita seguir avanzando. En estos casos se hace necesaria ayuda externa para salir del callejón, al igual que también fue necesaria para mover el barco para que dejara de cerrar el paso por el canal. En el caso de la persona esto no es tan sencillo. La persona tiene que aceptar, en primer lugar, la existencia de un obstáculo como paso previo para poder iniciar cualquier acción de demanda de ayuda. En segundo, reflexionar y plantearse qué se puede hacer para aliviar los inconvenientes que el estorbo está ocasionando en la vida diaria. Si se llega a la conclusión de que uno mismo no puede hallar solución se debe tener el coraje de pedir ayuda y la humildad de aceptarla, además de la voluntad y la convicción de querer hacer el trabajo personal imprescindible para ir drenando y expulsando la tierra y para facilitar el paso hacia un desarrollo personal satisfactorio.

Puede suceder que el bulto del estorbo sea tan grande y/o esté tan asentado en tierra que se haga difícil la total desaparición, pero que con trabajo y esfuerzo se puede reducir el volumen de forma que pueda dejar pasar con cierta facilidad el flujo de la vida. Y, qué significa el flujo de la vida? Pues la posibilidad de tomar decisiones, de poder disfrutar de los pequeños placeres, de establecer relaciones satisfactorias con los demás y también consigo mismo, de sentirse útil y merecedor de la estimación y respeto de los demás y de uno mismo. De alguna manera y de forma resumida diríamos amarse, aceptarse, respetarse tal como la persona es, de este amor a uno mismo que no tiene nada que ver con el egoísmo. El egoísmo antepone el yo al nosotros, el amor y respeto que siente la persona para ella misma abre la vida a relaciones sociales gratificantes.

Reflexionemos, determinemos cuáles son los bultos que no nos dejan disfrutar plenamente del regalo de la vida.

print

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.