Aprendizajes de vida

Aprendizajes de vida
Por: Anna Forés Miravalles
Directora adjunta de la cátedra de Neuroeducació UB-Edu 1st

Octubre 2021
Foto: Assumpta Sendra

Como sociedad hemos vivido unos tiempos de alta incertidumbre, nos hemos sentido frágiles y angustiados por las situaciones vividas durante la pandemia. Ahora bien, lo que habría que hacer es preguntarnos, ¿qué hemos aprendido de todo esto? ¿O intentamos seguir como si nada hubiera pasado? Para muchas personas ha sido un punto de inflexión de vida, de tomar decisiones y para otras personas han sido momentos de angustia y sufrimiento. Para algunos ha significado un paso adelante y para otros un posible trauma si no lo sabemos narrarlo de nuevo. Es necesario que nos podamos explicar lo vivido y analizar nuestra vivencia. ¿Cómo lo hemos vivido? ¿Hemos aprendido algo? ¿Qué explicaciones podemos encontrar desde la resiliencia?

Algunas investigaciones realizadas, en concreto desde la asociación AIRE, Asociación para la investigación en resiliencia, recogen aprendizajes de vida a partir de esta situación vivida a nivel mundial.

Algunas de las aportaciones más significativas de las acciones y recursos que han utilizado las personas para promover la resiliencia en estos momentos las podríamos recoger en ocho verbos:

  1. Transitar

Una de las características que hace que las personas puedan vivir esta situación de una manera más esperanzada es entender que la vida está llena de subidas y bajadas y que hay que transitar por ellas. Por lo tanto, tomar fuerzas cuando viene una bajada y recuperar todos los recursos existenciales para hacer frente y poder superarla sin desfallecer. Esto no es resignación sino entender que forma parte del camino de la vida y que debe afrontarse, aunque no queramos.

  1. Emocionarse

En estos períodos vividos fácilmente pasamos momentos de miedo, angustia, incertidumbre y otras emociones. Las personas que han sabido dar espacio para conectar con las emociones, expresarlas y gestionarlas ya sea con actividades físicas o más artísticas como la música, dibujar, pintar o escribir, han podido hacer un proceso de introspección clave también para la resiliencia y esto nos conecta directamente con el tercer punto.

  1. Priorizar

Muchas de las personas investigadas han afirmado que este tiempo les ha servido para priorizar lo que es importante en sus vidas: retomar la importancia de la familia, de cuidar y cuidarse, de los amigos, de cuidar de la gente mayor y valorar todo lo que han hecho por nosotros. Han priorizado también en muchos casos qué hacer después de la pandemia y por tanto han redescubierto unos nuevos sentidos en sus vidas.

  1. Crear y experimentar

Uno de los productos que se agotaron durante la pandemia (y no hablamos del papel de higiénico) fue la harina y la levadura. Las personas dedicaron mucho tiempo en la cocina, para experimentar, para disfrutar de un tiempo que fácilmente nunca se tiene. Surgieron nuevas recetas, platos cocinados entre todos, cocineros por días, mil y una propuestas. La creatividad ha sido clave para superar el confinamiento. Circuitos para que los niños y niñas pudieran hacer deporte en casa jugando, pintar pancartas para poner en las ventanas o los balcones. Hacer de jardineros, ordenar las casas, hacer pequeños trabajos de bricolaje… pequeñas acciones que conectan con nuestra creatividad que ya sabemos es un factor de resiliencia que nos permite abrir nuevas posibilidades.

  1. Conectar

También han sido tiempos de mucha soledad para muchas personas, y la necesidad de conectar con los seres queridos, ya fuera con el modo epistolar o con la ayuda de las tecnologías. Nunca se habían hecho tantas videollamadas como durante estos meses. Querer tener contacto visual, acercar las miradas.

  1. Parar

En un mundo tan frenético, la vida nos ha parado a todos a la vez. Calma y paciencia han sido dos de las palabras más expresadas por las personas investigadas. Ha supuesto un gran freno a los ritmos de vida individuales y colectivos. Detenerse para poder apreciar y hacer balance y empezar a tejer la confianza.

  1. Confiar

Los primeros meses casi era imposible confiar, todo lo que nos venía eran noticias llenas de mensajes de miedo, y si hay miedo no puede haber confianza. El bombardeo de mensajes negativos hizo incluso que alguna persona muriera de miedo y de angustia. Poco a poco estos mensajes se fueron eclipsando por «todo irá bien» o «resistiré». La resiliencia es mucho más que la resistencia. La resistencia no nos invita a prosperar sino a aguantar, es un paso previo a la resiliencia. Y el lema «todo irá bien», aunque fácilmente no todo irá bien, es un toque de esperanza, que esto no es un estado perenne. Que hay que proyectar futuro y ponernos en acción. Quizás reinventarnos, puesto que sabemos que desde la resiliencia nunca vuelves al estado anterior, sino que implica transformación, implica cambio, y si se hace en red mucho mejor.

  1. Tejer comunidad

Uno de los grandes aprendizajes de la pandemia nos remite a la comunidad. Aquí nadie se salva si no lo hacemos juntos, nos necesitamos unos a otros. La red vuelve a ser un elemento clave de resiliencia. Nos necesitamos: ¿cuántas personas han apoyado a personas mayores o dependientes solas? Bancos de alimentos que se han tenido que multiplicar. ¿Cómo te puedes quedar en casa si no tienes casa? Crear respuestas de emergencia a demandas sociales vitales. Nuevas respuestas a nuevas realidades y nuevas necesidades.

La lista de verbos se podía seguir ampliando, pero también es necesaria esta actitud de QUERER aprender de todo esto, tener una actitud de escucha a lo que está pasando y cómo yo lo vivo y cómo se vive en sociedad.

Si hemos aprendido a transitar, emocionarnos, priorizar, crear y experimentar, conectar, detenernos, confiar y tejer comunidad, ya estamos en el camino de la resiliencia. A partir de ahora nos queda mucho trabajo por hacer todavía.

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