Reseña de la 240 Cena Hora Europea

Joan Romans

Físico

Junio 2022

Foto: Margarita Amigó

El jueves 19 de mayo de 2022 se celebró la 240 Cena Hora Europea para tratar y dar respuesta al tema ¿Cómo leemos la historia? Inició el acto Josep M. Forcada, presidente del Ámbito María Corral, que daba la bienvenida a todos los participantes y destacaba el hecho de haber llegado a la edición número 240 de las Cenas Hora Europea y habló de la importancia del tema que se debatía: saber leer e intentar entender e interpretar correctamente la historia teniendo en cuenta su contexto.

Empezó Jaume Aymar, historiador del arte, recordando que Mercè Beltran, periodista de La Vanguardia, se había alegrado de dar una noticia: un proyecto llevado a cabo por unos institutos y que era un encuentro de ancianos y niños para «recuperar la historia a partir de la memoria oral de los mayores». Lo importante era que los niños habían aprendido a escuchar a los mayores. Por lo tanto, todos antes de leer historia hemos escuchado historias, ya fuera a través de cómics o de películas y «todo esto me lleva a pensar que los libros de historia más vivos son las personas ancianas». Con esto destacaba la importancia de la tradición oral. Y que «las vivencias de la historia, de las historias de la vida son irrepetibles». Aymar continuó citando a Unamuno que «hablaba de la intrahistoria para referirse a la vida tradicional que sirve de decorado a la historia más visible y a lo que ocurre que no sale en los periódicos». María Dolores Pérez Murillo, de la Universidad de Cádiz, lo relaciona con los colectivos marginados, la gente sin historia. Recientemente se vuelve dar importancia a la vida cotidiana, a la historia de todos los días.

El ponente explicó que para realizar una lectura precisa de la historia es fundamental, en primer lugar, ir al documento, ya sea un texto, una inscripción o cualquier registro. En segundo lugar, hay que ver el contexto porque «un texto fuera de contexto es un pretexto» que puede distorsionar la historia y convertirla en un instrumento de agresión y por eso es necesario un diálogo interdisciplinario. Y en tercer lugar es necesario el metatexto, es decir, ponerlo en relación con otros textos que pueden ayudar a interpretarlos mejor y entender la condición humana. Terminó citando unas palabras de poeta alemán Goethe: «para leer hay que entender, para escribir es necesario saber y para comprender hay que creer».

La segunda intervención fue a cargo de Juan Carlos Losada, historiador y colaborador en diversos medios de comunicación. Empezó recordando unas palabras de Jaume Aymar diciendo que «la historia es humana o no es». Habló de las falsedades que hay en la historia y lo difícil que es escribirla. «La historia es una aproximación a la realidad, porque nunca sabremos lo que ha pasado». El historiador es un investigador que busca a través de diversas fuentes. Hay que tener en cuenta también, decía Losada, que existe mucha manipulación de los datos históricos desde siempre, ya desde los primeros historiadores griegos. «Hay vacíos históricos imposibles de llenar», por ejemplo: todo lo que sabemos de Cartago lo conocemos a través de sus enemigos y vencedores, los romanos, cumpliéndose aquello de que la historia la escriben los vencedores. Y de esto ya se deduce que existe una visión muy parcial de los hechos. También resaltó que el poder político, de todas las tendencias y en todo el mundo, «ha utilizado la historia para sus fines», para justificar sus causas. También ha habido siempre y en todo el mundo, intentos de querer cambiar la historia por medio de los recuerdos actuales como es el hecho de cambiar nombres de calles, derribar estatuas o monumentos, etc.

Toda esa falsedad, decía el ponente, «es posible en parte por la ignorancia de las personas y de la sociedad que se deja manipular por una idea que le cae simpática o motivadora». Por tanto, la ignorancia es una gran aliada de la acción manipuladora. Se preguntaba, ante todo esto, ¿qué soluciones hay? Principalmente la honestidad intelectual del historiador y que no se deje llevar por las propias simpatías hacia unas causas o rechazo de otras. En otras palabras, no usar pues la historia como un arma arrojadiza.

Finalmente intervino Montserrat Rico, asesora histórica y escritora que empezó diciendo que «la novela histórica nunca ha sido aplaudida por la comunidad científica en su búsqueda de la verdad absoluta, a pesar de saber que esta no existe, porque si el documento convierte un indicio en una prueba, es necesario advertir que también un documento es susceptible de ser falsificado». La historia, tal y como la conocemos, es una reflexión hecha desde Occidente, razón por la que muchos pueblos se han quedado sin ella. La novela histórica tiene la misión, si se trabaja honestamente, de dar protagonismo y voz a todos los seres anónimos de la humanidad. También dijo que «cuanto mayor es el desconocimiento de una época, mayor es el campo que se abre a las especulaciones» y que la historia es un complejo puzle donde algunas piezas las podemos encajar sin margen de error lo que permite una primera visión, no completa, pero sí intuitiva de las piezas que faltan. Explicó las investigaciones que había realizado para documentarse a fin de escribir su novela La Abadía profanada donde narra la visita que destacados miembros nazis hicieron en el monasterio de Montserrat en su búsqueda del Santo Grial.

La ponente dijo que: «como la historia es una ciencia intrínsecamente relacionada con los acontecimientos que ocurren en la humanidad, una novela histórica nunca podrá tomar como escenario un lugar desconocido en el que no haya dejado huella al ser humano» y que esto requiere un gran esfuerzo de reflexión y no puede dejarse a la improvisación. También resaltó que el rigor es el secreto para escribir novela histórica y «la certeza de que no hay historia más universal que la lucha del ser humano por su supervivencia» Los patrones humanos se repiten en todas las épocas con obstinada insistencia, decía Montserrat Rico, y esta constante «es la que nos permite tomar el presente como experiencia extrapolable del pasado sin miedo a equivocarnos y que la angustia, la soledad, la tristeza y la alegría se sienten con la misma intensidad que antes, aunque las causas que las provocan y los remedios sean distintas.»

El coloquio final, moderado por Ignasi Batlle, ayudó a entender mejor lo importante que es intentar la máxima objetividad y honestidad posible a la hora de analizar los acontecimientos pasados, para entender la historia que nos ha llevado hasta el día de hoy.

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