Reseña 259 Sopar Hora Europea
Fotografía: Esther Borrego
Fecha de publicación: 20 de abril de 2026
El jueves 19 de marzo, el Ámbito María Corral celebró la 259 Cena Hora Europea para tratar el tema Vivir con propósitos y proyectos. El presidente del Ámbito, Josep M. Forcada, dio la bienvenida a los asistentes. La moderadora de la Cena, Teresa Algans, planteó que hay que vivir con proyectos para poder ampliar nuestra manera de percibir, de relacionarnos, de sentir y de convivir.
La primera intervención fue a cargo del periodista Miquel Peralta Mas, que habló del concepto de incertidumbre como un estado de ánimo del cual no podemos escapar. La incertidumbre es innata a la propia existencia, no es solo una idea que podemos tener o no, y que podemos compartir, discutir o no, es también una circunstancia que nos interpela constantemente. La incertidumbre actual es inquietante por varias razones, porque el mundo es cada vez más global; porque el poder político, económico, tecnológico, etc., cada día está más concentrado en pocas manos y es menos transparente, y por los grandes gobernantes. También la incertidumbre ha llegado a los medios de comunicación con las redes sociales y la alta tecnología, o la IA, a través de las que los ciudadanos han encontrado una herramienta para informarse, pero solo un medio de comunicación riguroso, independiente, plural y también crítico con las injusticias es una fuente de información fiable. Citó las palabras de la periodista Rosa María Calaf: «El periodismo riguroso e independiente es absolutamente imprescindible para construir una sociedad con valores éticos y espíritu crítico».
Destacó que una manera de vivir con propósitos y proyectos es practicar la solidaridad en este mundo que va tan deprisa y es tan injusto. Ayudar al otro, o como mínimo escucharlo, tenerlo presente, es un primer paso para cambiar estas injusticias y desigualdades y a la vez sentirnos mejor nosotros mismos.
Cuando se empezó a hablar de la Inteligencia Artificial, EURECAT, que es un centro de innovación industrial y tecnológica, con capital público y privado, trabajaba en una investigación europea pionera que analizaba el sesgo de género que tenían los algoritmos y resultaba que los algoritmos ya nacen con sesgos, sobre todo el de género. De aquí que tanto los medios de comunicación como los periodistas tienen un gran reto, puesto que no se puede explicar una sociedad utópica, pero sí que pueden mostrar personas y colectivos que tiran adelante proyectos sociales, científicos, culturales, empresariales, deportivos y ayudan a mejorar a los demás. Hizo referencia al último libro de la filósofa Victoria Camps titulado La sociedad de la desconfianza, dado que hace la diagnosis de que vamos hacia un mundo regido por el individualismo y la carencia de interés por la comunidad.
Como última reflexión aportó que a pesar de que estamos en un mundo cambiante, con muchos puntos en conflicto (Gaza, Ucrania, ahora Irán y las guerras calladas de algunos países africanos como el Sudán o Etiopía), es un mundo que ya no se mueve solo por la economía, sino también por la tecnología y que está dirigido por algunos gobernantes poco democráticos. Y el periodismo tiene que reflejar y denunciar todo esto, pero también tendría que esforzarse más en mostrar aquellas personas y aquellos hechos que nos dicen que a pesar de todo hay mucha gente y muchas entidades y colectivos que saben escuchar, ayudar al otro, que tienen proyectos interesantes, innovadores y solidarios. Tener esta mirada en estas personas ayuda a tener esperanza.
A continuación, la psicóloga y gerontóloga feminista Anna Freixas Farré empezó diciendo que ahora vivimos cuarenta años más de los que pensábamos cuando nacimos, de forma que cuando nos jubilamos nos quedan muchos años por delante y tenemos que pensar cómo los queremos vivir. Esta pregunta nos la tenemos que hacer mucho antes. ¿Qué vieja o qué viejo quiero ser yo? ¿Cómo puedo vivir estos cuarenta años que me ha regalado la historia? Vivir con proyecto y con sentido es importante toda la vida, y cuando nos hacemos mayores, todavía más.
Cuando le preguntas a una mujer mayor cuál es su deseo, a veces no tiene ni idea, y a menudo es el deseo de las personas que la rodean. Todo este tiempo de más que vivimos después de la jubilación ha estado muy importante para las mujeres y hemos tenido la gran ventaja de poder acceder a la educación. Nuestras madres y nuestras abuelas no tuvieron esta suerte. Mencionó a la escritora Carolyn G. Heilbrun que decía que lo importante cuando te haces mayor no es que tengas tiempo, sino que tengas tema. Hay la tentación de cerrarte en tu pequeño mundo, dentro de tu zona de confort, y esto no te lleva a ninguna parte, no te hace feliz, no te permite recuperar el tiempo perdido. La capacidad de aprendizaje se mantiene durante toda la vida y por eso hay que tener curiosidad.
La gente mayor somos las personas que podemos aportar mucho con nuestro conocimiento, nuestra experiencia, nuestro buen hacer y podemos participar en el ámbito vecinal, social, político y cultural, es decir, podemos tener una vejez comunitaria, participativa, con solidaridad y no solo para mi pequeño mundo, porque este pequeño mundo desaparece. Una vejez generativa que da sentido tanto en nuestra vida individual como colectiva. Nos advirtió de los prejuicios que a menudo se derivan del concepto de edadismo: tratar a la gente mayor como si ya estuvieran arrinconados del mundo pensante, que los viejos solo se ocupen de sus pequeñas cosas, esto supone considerar que la gente mayor ya no es interesante.
Si queremos transformar la vejez en un tiempo de vida y con sentido, tenemos que empezar por relacionarnos. Yo, como persona mayor, tengo mucha experiencia y tengo opinión. Y, por lo tanto, puedo dar significado a la vida, a la vejez, y esto es una tarea en la cual nos tenemos que implicar individualmente y colectivamente todas las personas, en todas las edades.
Maria Rosa Buxarrais Estrada, catedrática de la Facultad de Educación de la UB, empezó afirmando que educar no es solo ayudar a saber, a hacer, a adaptarse, sino que es ayudar a vivir, a orientar la vida, a encontrar una dirección, a descubrir lo que da sentido a lo que hacemos, a lo que pensamos, a lo que deseamos, a lo que esperamos. Por eso, cuando hoy hablamos de vivir con propósitos y proyectos en relación con los jóvenes, en el fondo estamos hablando de una de las grandes cuestiones de la educación: cómo acompañamos a los jóvenes para que no solo pasen por la vida, sino que puedan construirla con sentido.
Vivimos en una época llena de paradojas. Nuestros jóvenes tienen por delante muchas posibilidades, más opciones, más información, más estímulos, más conexiones que nunca. Pero, al mismo tiempo, también viven en medio de una gran incertidumbre, porque cuando todo parece posible, también puede aparecer la desorientación. Cuando todo es inmediato, cuesta sostener procesos largos. Cuando el mundo nos reclama constantemente atención, cuesta escucharse a uno mismo. Y cuando la sociedad envía insistentes mensajes sobre rendimiento, éxito, imagen y competitividad, los jóvenes pueden acabar preguntándose no tanto qué da sentido a mi vida, sino qué se espera de mí, qué debo demostrar, qué debo conseguir para no quedar atrás.
Propósito no significa un plan de vida cerrado, ni una respuesta definitiva, no es una fórmula mágica, es más bien una orientación de sentido, una especie de brújula interior, una forma de ir descubriendo lo que nos mueve, lo que nos convoca, lo que nos importa, lo que nos compromete. No es una certeza absoluta, sino una búsqueda que se va clarificando con el tiempo. Los proyectos serían la forma concreta que toma esta orientación, son los caminos, las decisiones, las iniciativas, los compromisos, las elecciones a través de las cuales este propósito comienza a hacerse visible. El propósito da dirección y los proyectos nos permiten andar. Los jóvenes necesitan que la educación les reconozca como sujetos de presente, no solo como candidatos a un futuro profesional. Necesitan una educación que no les reduzca a notas, rendimientos o itinerarios. Necesitan una educación que les ayude a interpretar su propia experiencia. Hay una tarea educativa irrenunciable, que es recuperar el aula como lugar en el que también se pueda pensar la vida.
Los propósitos y proyectos deberían sostenerse, al menos, en tres dimensiones: la interioridad, el diálogo y la acción. El propósito no es solo individual, es una vida abierta a algo que la trasciende, puede ser una vocación, una causa, una forma de servicio, una forma de acompañar, un compromiso social, una responsabilidad hacia los demás. El propósito se va construyendo. Entusiasmar a los jóvenes significa despertar el deseo de sentido. Una de las formas más nobles de la pedagogía es acompañar a los jóvenes para que puedan descubrir que su vida no es solo una sucesión de eventos, sino una realidad que se puede pensar, orientar y proyectar. Educar en propósitos y proyectos no es dar a los jóvenes un camino hecho, sino ayudarles a reconocer lo que da sentido a su vida y a transformar ese sentido en formas concretas de compromiso, de acción y de esperanza.
Después se abrió el coloquio a los asistentes a la Cena que plantearon diferentes cuestiones que contribuyeron a seguir profundizando en el tema tratado.









